20 de mayo de 2009

Arquitectura y cine (I)



“Cuando el espectador entra en la sala de cine vive la realidad, su realidad. En el momento que se apagan las luces y empieza la película, comienza una historia que sucede en un espacio y un tiempo normalmente falsos, reproduciendo o creando otra realidad donde se sumerge el público, que abandona lo que le rodea. La ilusión debe ser completa y la introducción en ese otro mundo, total. Por lo tanto para el espectador hay dos realidades que se superponen.”
Jorge Goroztiza, Arquitectura y Cine

La arquitectura donde se vive. Cines y teatros

Cuando tuve que proyectar un auditorio, me venían a la cabeza constantes referencias de las vivencias que he tenido a lo largo de mi vida cada vez que he entrado en un cine o un teatro; incluso cuando veo una película y hago el amago escenográfico de apagar las luces. La primera experiencia que se debe tener en cuenta para caracterizar un lugar así es la oscuridad. ¿Oscuridad? No sé a los demás, pero a mí me ocurre que me siento sola cuando veo una película que me interesa, aunque esté completamente rodeada de personas. ¿Concentración? Es maravilloso esa sensación de voyeur cuando ves cine apasionante, al menos para mí.

Un cine o un teatro es un lugar que se debería llamar camino. Uno primero llega hasta el lugar, compra su entrada, entra y normalmente el techo es bajo, llega a un lugar de reunión o de pausa con más amplitud; después se dirije por caminos , verticales o sesgados, llega a una gran sala, compuesta por pequeñísimos espacios individuales de estancia; y finalmente, para llegar al tuyo, debes caminar difílcilmente por los lugares que dejan estas unidades entre sí.

El aislamiento mental que me produce una película por empatía es opuesto a la idea de comunidad la gran sala cinematográfica; solo rota por el clinex o las palomitas del vecino. Estaría bien la idea de minicines...donde uno va acompañado de los suyos, o no...Aunque está claro que si la película es mala, no habrá sala posible que lo arregle.